Cosas que se quedaron sin ser dichas.


No me cabe duda de que te he querido y te quiero, como amigo y compañero, profesor y alumno, como persona. Pero lo que no sé es si te amé a ti o a tus ganas de amarme.
Sí, definitivamente me enamoré de tu forma de mirarme, de cómo tus manos descubrían nuevas rutas en mi cuerpo (nunca antes visitadas por nadie) y del juego que se traían tus labios con las palabras, retorciéndolas, decorándolas, explotándolas, para dejarme callada.

No me enganché a tus sonrisas, ni me perdí buscando alguna veta color caramelo en tus ojos de chocolate negro. Tampoco enloquecí siguiendo el ritmo de tus pasos. Siempre me dije y te dije que no cambiaría mi rumbo por ti; aunque, en alguna ocasión, me vi analizando cada una de las huellas que ibas dejando en las aceras. Prefería tenerte corriendo detrás mía, para qué mentirte si me conoces demasiado bien.
¿Fui egoísta? Tal vez. Te quise sólo para mí y, sin embargo, yo me quise para muchos otros.

Tú fuiste el que me descubriste un mundo nuevo, un mundo que yo ansiaba devorar... pero no a tu lado.
Me diste las reglas del juego, las pistas para que no me comiesen todos los lobos feroces, me entregaste el librillo de instrucciones para ser una gran hija de puta en esto que llaman amor, en formato bolsillo para que lo llevase siempre en el bolso, por si las moscas; pero también me enseñaste cómo advertir un 'te quiero' sentido y cuáles eran los botones justos de la camisa que tenía que desabrochar para enseñar un poco de mí... y de mi corazón.

Te debo bastante y, quizás, no te lo haya agradecido suficiente.
De mí... Posiblemente, también aprendiste algo, estoy segura. Pero ahora no estoy escribiendo sobre lo que yo hice en ti, sino sobre cómo tú repercutiste en mí y en mi vida. O sí. O no. Quién sabe, porque yo no.

Puede ser que las cinco de la mañana estén calándose en mis párpados y me hagan desvariar perdiéndome entre notas de móvil y removiendo mudas pasadas del cajón. O... se me ocurre que las cinco de la mañana sean las culpables de que te eche tanto de menos y que mis dedos estén jugueteando con tu número de teléfono porque se me antoja escuchar, de nuevo, tu voz. Mientras tanto, me conformo con escribirte, desde una cama que no volverás a tocar, unas palabras que no irás a leer.

Por primera vez, esta noche, dejaré de lado todas nuestras discusiones y nuestros celos, nuestros gritos al otro lado de la línea, nuestras ilusiones atrapadas en márgenes de cuadernos y aquella esperanza de que funcionara todo esto que se nos rindió antes de tiempo; y me quedaré con lo bueno, con el cariño y la confianza, con lo bonito de nuestro tan estrambótico amor.

De mí te quedas con mi 'rock', y de ti me quedo con tu 'rap'.



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